CP7DX no es solamente una expedición internacional de radioaficionados argentinos. Es la suma de experiencias, sueños, conocimientos y pasiones de un grupo de hombres que han dedicado gran parte de sus vidas a explorar el mundo a través de las ondas de radio.
Queremos acercar a nuestros lectores a estas personas que hacen posible esta aventura. Más allá de los equipos, las antenas y la tecnología, descubriremos quiénes son los operadores que integran la expedición, cómo comenzaron en la radioafición, cuáles fueron sus primeros contactos DX, qué experiencias marcaron sus trayectorias y qué significa para ellos representar a sus países desde una de las actividades más apasionantes que ofrece nuestra actividad.
Porque detrás de cada indicativo hay una persona. Detrás de cada contacto hay una historia. Y detrás de CP7DX hay un equipo de hombres que, con pasión, experiencia y espíritu de camaradería, siguen demostrando que la radioafición continúa siendo una de las formas más extraordinarias de conectar al mundo.
El equipo de CP7DX
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LU1FM
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LU1HF
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LW1HWL
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LU3FR
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LU3VED
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LU6FOV
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LU7HN
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LU8VCC
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LU9FHF
Conocemos a José Luis Murano, LU1FM y el desafío de CP7DX
Hablar con José Luis Murano, LU1FM, es encontrarse con una de esas historias que parecen inseparables de la propia radioafición argentina. Con 65 años, carpintero de profesión y actualmente jubilado, vive en Santa Fe Capital junto a una familia formada por tres hijos. Sin embargo, gran parte de su vida puede contarse a través de una pasión que lo acompaña desde la adolescencia: la radio.
Su historia con la radioafición comenzó a los 16 años. Hijo de un electricista y estudiante de una escuela técnica, encontró en el Radio Club Santa Fe un lugar que marcaría su destino. Corría el año 1976 cuando se acercó por primera vez a una estación de radioaficionado. Lo que vino después es la historia de toda una vida dedicada al hobby. Tres años más tarde obtuvo su licencia, inicialmente con el indicativo LU6FAZ.
Hoy, LU1FM es mucho más que una señal distintiva. Para José Luis representa una marca personal, una identidad construida a lo largo de décadas de experiencias, amistades y aventuras en el aire.
Entre sus primeros referentes recuerda a operadores que dejaron huella en aquella época, como LU1FAA Carlos y LU8ESU, entre muchos otros que ayudaron a formar a toda una generación de radioaficionados.
Cuando habla del DX, su entusiasmo sigue siendo el mismo que el de aquellos años de juventud. No recuerda un contacto específico como el más importante, porque fueron muchos los momentos memorables acumulados durante décadas. Sí conserva el recuerdo de largas noches escuchando y haciendo contactos en 3.795 MHz cuando todavía estaba dando sus primeros pasos.
Definir qué lo atrajo del DX no le resulta sencillo. Según él, es una pasión que no se puede describir: una vez que te atrapa, ya no te deja ir. Esa pasión lo llevó a participar en innumerables concursos y expediciones. Entre los concursos, destaca especialmente el CQ World Wide, mientras que de las expediciones valora el enorme esfuerzo humano y técnico que existe detrás de cada una de ellas.
Para José Luis, participar en una DXpedition internacional representa el punto más alto de la radioafición. Es el momento donde confluyen la técnica, la operación, el trabajo en equipo y el desafío permanente de llegar más lejos.
Su experiencia en operaciones internacionales no comenzó con CP7DX. Ya había participado en expediciones como 5J0B y 5K0T desde la Isla San Andrés, en Colombia. Sin embargo, los cambios económicos y las dificultades logísticas fueron haciendo cada vez más complejo organizar actividades en el Caribe. Así nació la idea de buscar un nuevo destino. Bolivia aparecía como una alternativa cercana, accesible y relativamente sencilla de alcanzar. Lo que parecía fácil terminó convirtiéndose en una larga gestión administrativa: obtener el indicativo CP7DX demandó nada menos que dos años y medio de seguimiento y trámites.
Dentro del equipo de CP7DX, para José Luis nadie tiene más jerarquías que otro. Se considera simplemente uno más del grupo. Su función pasa principalmente por coordinar aspectos generales para que todo funcione correctamente y tratar de que ningún detalle quede librado al azar, aunque reconoce que siempre pueden surgir imprevistos.
Respecto a las expectativas para la expedición, mantiene una filosofía simple que parece resumir perfectamente el espíritu de la actividad: hacer radio, pasarla bien y disfrutar junto a los amigos.
Durante la operación tiene previsto concentrarse principalmente en HF, utilizando las bandas que mejor se encuentren abiertas en cada momento. Sus modos preferidos serán fonía y FT8.
Uno de los desafíos técnicos más importantes de esta expedición surgió gracias a la iniciativa de Juan y su entusiasmo por las comunicaciones EME. El montaje de una enorme agrupación de cuatro antenas Yagi de 33 elementos para UHF representó un desafío monumental para todo el equipo. El esfuerzo valió la pena: la estación funcionó exitosamente y se convirtió en uno de los logros técnicos más destacados de la preparación.
Además de la actividad DX, CP7DX participará durante su primer fin de semana en el CQ WPX. Aunque José Luis no opera CW habitualmente, considera que será una excelente oportunidad para acompañar a los operadores especializados y vivir nuevas experiencias dentro del concurso.
La preparación para jornadas tan intensas de operación se basa, según explica, en una combinación de organización, descanso y apoyo mutuo. La experiencia acumulada en numerosos concursos les enseñó que el rendimiento de una estación depende tanto de los operadores frente al equipo como del respaldo que reciben quienes están descansando o colaborando detrás de escena.
Por eso destaca permanentemente la importancia del trabajo en equipo. No se trata solamente de compartir tareas técnicas, sino también de brindar apoyo humano y emocional para que todos puedan desempeñarse de la mejor manera posible.
La convivencia entre múltiples operadores y distintos modos de operación también requiere coordinación. En el grupo existe una regla simple: todos están dispuestos a realizar ajustes de potencia o modificar sus horarios para evitar interferencias.
Durante el fin de semana del concurso, la prioridad absoluta será permitir que la estación dedicada a la competencia funcione sin interrupciones.
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Juan Morandi, LU1HF: de escuchar onda corta a los 12 años a conquistar el mundo desde las grandes ligas de la radioafición

La historia de Juan Morandi, LU1HF, demuestra que algunas pasiones nacen temprano y acompañan toda una vida. Desde aquellas noches en las que, siendo apenas un niño, escuchaba emisoras de onda corta a escondidas hasta convertirse en campeón mundial de concursos y protagonista de proyectos de rebote lunar, la radioafición ha sido el hilo conductor de gran parte de su historia personal.
Juan tiene 54 años, es comerciante, vive en la ciudad de San Francisco, provincia de Córdoba, y comparte la vida con Cecilia, radioaficionada identificada como LU4HFE. Juntos formaron una familia integrada por sus hijos Valentino, Virginia y Agustín, en un hogar donde la radio es mucho más que un hobby: es parte de la identidad familiar.
Su pasión por la radio comenzó cuando era muy pequeño. Como tantos jóvenes de su generación, era un lector entusiasta de la legendaria revista Lupín, donde descubrió artículos sobre electrónica, antenas y comunicaciones. Aquellas páginas despertaron una curiosidad que pronto se transformó en fascinación.
Su padre, abogado de profesión, tenía en su estudio una radio Tonomac Siete Mares, uno de los receptores más deseados de la época. Juan recuerda que, con apenas 12 años, esperaba la noche para llevarse la radio en secreto y escuchar emisoras de onda corta. Siguiendo las instrucciones que encontraba en la revista, construyó sus primeras antenas y comenzó a recibir señales provenientes de distintos países.
La experiencia fue aún más emocionante cuando empezaron a llegar las tarjetas QSL de recepción. Muchas veces venían acompañadas de pequeños obsequios: prendedores, pines, tazas, banderines y recuerdos enviados desde lugares remotos del mundo. Fue entonces cuando su padre descubrió que el receptor desaparecía cada noche y comprendió que aquella afición había llegado para quedarse.
La radioafición formal llegó muy temprano. Obtuvo su licencia a los 14 años, en una época en la que su padre debió firmar incluso un certificado de buena conducta para que pudiera acceder a la autorización oficial. Desde entonces, LU1HF se convirtió en una parte inseparable de su vida.
Cuando se le pregunta qué significa ese indicativo, la respuesta es profunda y sincera. La radioafición le dio muchísimo más que contactos y concursos. Le dio amigos, experiencias, proyectos compartidos e incluso a su propia esposa. Por eso siente que la radio siempre le devolvió momentos felices y oportunidades únicas.
A lo largo de los años descubrió que la manera de vivir la radio también cambia con la edad. En la juventud predominan los desafíos individuales y los objetivos personales. Con el paso del tiempo, en cambio, aparecen nuevas motivaciones vinculadas al trabajo en equipo, las expediciones, los concursos grupales y la construcción de proyectos colectivos.
Aunque reconoce la influencia de muchas personas importantes en su camino, evita señalar un único referente. Prefiere recordar a todos aquellos colegas que, en distintos momentos de su vida, estuvieron cerca para enseñarle algo, compartir experiencias o simplemente tender una mano.
Su primer gran contacto DX permanece grabado con absoluta claridad. Había construido una antena de cuatro elementos utilizando simples caños de cortina y la había instalado en el techo de su casa. Con ella logró contactar una estación de España cuyo operador se llamaba Celedonio. La emoción fue indescriptible. No podía creer que una antena construida con sus propias manos le permitiera cruzar el Atlántico. Aquel contacto marcó un antes y un después en su relación con el DX y especialmente con la banda de 10 metros.
Sin embargo, Juan reconoce que su verdadera pasión siempre estuvo más cerca de los concursos que de la colección de entidades o tarjetas QSL. Nunca fue un operador obsesionado con completar países o diplomas. Lo que realmente lo motivó fue la competencia, la estrategia y el desafío operativo. Actualmente esa búsqueda se canaliza también a través del rebote lunar, una disciplina que le abrió nuevas fronteras dentro de la radioafición.
Entre todos los logros alcanzados, hay uno que ocupa un lugar especial. Ganar su primer campeonato mundial y establecer un récord mundial en la banda de 10 metros fue una experiencia que cambió su vida. Después llegarían otros títulos y nuevos éxitos, pero aquel primer campeonato permanece como el recuerdo más intenso y significativo de su trayectoria.
Participar en una DXpedition internacional representa para Juan una nueva dimensión dentro de la radioafición. Lo define como un segundo camino dentro del hobby, una actividad donde el resultado depende del grupo humano mucho más que de las capacidades individuales. Por eso destaca especialmente el privilegio de formar parte de equipos donde las personas piensan primero en el conjunto antes que en sí mismas.
Dentro de las muchas emociones que le regaló la radio, pocas se comparan con la que sintió al realizar su primer contacto mediante rebote lunar. Recuerda perfectamente aquel momento desde Bolivia, cuando toda la estación había sido montada sin pruebas previas completas y finalmente lograron concretar el primer QSO EME. La sensación fue tan intensa que todavía hoy le cuesta describirla con palabras.
Para él, participar en proyectos de este nivel representa ingresar a las grandes ligas de la radioafición. Lo considera el broche de oro de una carrera construida durante décadas de aprendizaje, esfuerzo y pasión.
Operar desde otro país también ofrece ventajas muy particulares. Existe una enorme demanda de estaciones DX y eso genera un flujo constante de contactos. En apenas dos semanas es posible realizar una cantidad de comunicados que llevaría mucho más tiempo desde Argentina. Pero además existe una satisfacción especial: brindar a otros radioaficionados la posibilidad de obtener un contacto difícil o poco habitual.
En esa filosofía encuentra sentido buena parte de la actividad de CP7DX. No se trata únicamente de hacer radio, sino también de ofrecer oportunidades, compartir experiencias y construir algo que beneficie a toda la comunidad de radioaficionados.
Después de cuarenta años de actividad, múltiples campeonatos mundiales y nuevos desafíos como el rebote lunar, Juan Morandi sigue demostrando que la radioafición tiene la capacidad de reinventarse constantemente. Lo que comenzó con una vieja radio escuchada a escondidas durante las noches de su infancia terminó convirtiéndose en una pasión que continúa llevándolo cada vez más lejos.
Y aunque los equipos hayan cambiado, las tecnologías evolucionen y aparezcan nuevas formas de comunicación, la emoción sigue siendo exactamente la misma que sintió aquel chico de 12 años cuando descubrió que, desde una simple antena construida con sus propias manos, podía hablar con el mundo entero.
Sergio Vergnano, LU1HWL: la ingeniería detrás de las señales que cruzan la Luna
Dentro de una gran expedición de radioaficionados existen operadores que pasan horas frente al micrófono o al manipulador, pero también hay quienes trabajan silenciosamente para que todo funcione. Sergio Oscar Vergnano, LU1HWL, pertenece a ese grupo de personas que combinan conocimiento, experiencia y pasión para convertir proyectos complejos en realidades operativas.
A sus 60 años, Sergio acumula una trayectoria tan diversa como apasionante. Ingeniero de profesión y docente jubilado, también es radioaficionado, ciclista, montañista y parapentista. Su vida ha estado marcada por la búsqueda permanente de desafíos, tanto en la tecnología como en la naturaleza, siempre impulsado por la curiosidad y el deseo de aprender.
La radio llegó a su vida cuando apenas tenía entre nueve y diez años. Como muchos jóvenes de aquella época, descubrió el fascinante mundo de la onda corta escuchando señales provenientes de lugares lejanos. Sin embargo, hubo una persona que terminó marcando definitivamente su camino: Anselmo Gambini, LU7HBJ, amigo de su padre y radioaficionado. Aquellos primeros contactos con la actividad despertaron una inquietud que nunca volvería a desaparecer.
La licencia llegó en 1983 y desde entonces han pasado más de cuatro décadas de actividad ininterrumpida. Para Sergio, LU1HWL representa mucho más que un simple indicativo. Es una identificación profundamente ligada a su propia historia. Una vida entera rodeada de antenas, líneas de transmisión, electrónica y sistemas de comunicación que terminaron formando parte tanto de su actividad profesional como de sus pasiones personales.
A diferencia de muchos integrantes de CP7DX, Sergio no proviene específicamente del mundo del DX o los concursos. Su incorporación al proyecto llegó de la mano de su amigo Juan Morandi, LU1HF, uno de los mpulsores del ambicioso sistema de comunicaciones por rebote lunar que forma parte de la expedición.
Esa invitación le permitió integrarse a uno de los proyectos técnicamente más exigentes de toda la operación: la estación EME (Earth-Moon-Earth), una modalidad que utiliza la Luna como reflector natural para establecer comunicaciones a enormes distancias.
Dentro de CP7DX, su rol va mucho más allá de operar equipos. Sergio participa activamente en el armado, instalación, ajuste y mantenimiento de los sistemas técnicos necesarios para que toda la infraestructura funcione correctamente. Desde las antenas hasta los sistemas de transmisión y recepción, su experiencia resulta fundamental para garantizar el rendimiento de la estación.
Y precisamente allí aparecen algunos de los desafíos más complejos de la expedición. Las operaciones de rebote lunar exigen niveles de precisión extraordinarios. Cada componente debe funcionar correctamente, cada ajuste cuenta y cualquier pequeño detalle puede marcar la diferencia entre concretar un contacto o perder una oportunidad única.
Sin embargo, Sergio sabe que la paciencia suele ser la herramienta más importante. La experiencia acumulada durante años de trabajo técnico le enseñó que los problemas siempre encuentran solución cuando se enfrentan con conocimiento, método y perseverancia. Por eso, frente a cada desafío, la respuesta suele ser la misma: seguir trabajando hasta lograr que la comunicación finalmente suceda.
Participar por segunda vez en una expedición internacional representa para él una enorme satisfacción. No solamente por la posibilidad de hacer radio desde otro país, sino porque le permite aplicar conocimientos adquiridos durante toda una vida dedicada a las comunicaciones.
Esa combinación entre experiencia profesional y pasión personal encuentra en proyectos como CP7DX un escenario ideal. Allí convergen la ingeniería, la experimentación, el trabajo práctico y el espíritu de equipo que caracteriza a las grandes expediciones.
Pero si hay algo que Sergio destaca por encima de cualquier aspecto técnico, es el valor humano de estas experiencias. La posibilidad de compartir días de trabajo con personas que comparten los mismos intereses, inquietudes y desafíos convierte cada expedición en una experiencia enriquecedora tanto en lo técnico como en lo personal.
Para él, la radioafición sigue siendo una actividad profundamente colaborativa. Los proyectos más ambiciosos son posibles porque existen grupos de personas dispuestas a compartir conocimientos, tiempo y esfuerzo para alcanzar objetivos comunes.
Por eso, cuando piensa en quienes están dando sus primeros pasos en este apasionante mundo, su recomendación es sencilla pero muy valiosa. Aconseja comenzar por los modos más accesibles, aprender gradualmente y avanzar con paciencia hacia los aspectos más complejos de la actividad. La radioafición ofrece múltiples caminos y cada uno requiere tiempo, práctica y dedicación.
Después de más de cuarenta años de licencia, Sergio Vergnano continúa demostrando que la radioafición no es solamente una cuestión de equipos o contactos. Es una permanente oportunidad para aprender, experimentar y descubrir nuevos desafíos.
Y en una expedición como CP7DX, donde las señales incluso pueden rebotar en la superficie de la Luna antes de regresar a la Tierra, su trabajo representa una pieza fundamental de esa fascinante combinación entre ciencia, tecnología y pasión que define a la radioafición moderna.
Luis Fabián Méliga, LU3FR: la pasión por la radio y el orgullo de representar al
país
Hay radioaficionados que llegan a la actividad por casualidad y otros que parecen haber nacido para ella. En el caso de Luis Fabián Méliga, LU3FR, la radioafición forma parte de su identidad desde la adolescencia y hoy, después de más de tres décadas de actividad, continúa siendo una de las grandes pasiones de su vida.
A sus 64 años, Luis vive acompañado por su esposa Flory y sus hijos Ismael y Andrés. Técnico de profesión, encontró en la electrónica una fascinación temprana que terminaría marcando gran parte de su camino. Tenía apenas 14 años cuando comenzó a interesarse por los equipos, las comunicaciones y todo aquello que tuviera componentes electrónicos. Sin saberlo, estaba dando los primeros pasos hacia una actividad que lo acompañaría para siempre.
Actualmente acumula 36 años como radioaficionado y reconoce que su indicativo, LU3FR, tiene para él un significado muy especial. No lo considera simplemente una señal distintiva; es parte de su vida. De hecho, asegura que se parece más a un apellido que a un indicativo, una identificación que lo acompaña dentro y fuera del aire.
Entre las personas que más influyeron en sus comienzos recuerda especialmente a su tío, el profesor Roberto Ronchi, LU3JAR. Fue él quien despertó en gran medida su interés por este apasionante mundo y quien lo ayudó a comprender las posibilidades que ofrecía la radioafición.
Su primer gran recuerdo DX permanece intacto en la memoria. Corría el año 1992 cuando logró contactar una estación de Sudáfrica en la banda de 80 metros utilizando apenas dos vatios de potencia y un manipulador Keyes M2. Aquel contacto parecía desafiar toda lógica y se transformó inmediatamente en una experiencia inolvidable. Incluso hoy lo considera uno de los momentos más memorables de toda su trayectoria.
La pasión por el DX nació de manera natural. Siempre lo fascinó la posibilidad de comunicarse a grandes distancias y alcanzar países remotos utilizando únicamente las ondas de radio. Esa búsqueda constante de horizontes lejanos se convirtió en uno de los motores de su actividad.
Entre las numerosas experiencias vividas, una de las que más lo marcó fue la expedición al centro de la República Argentina realizada en 1999. Aquella aventura quedó grabada en su memoria como uno de los momentos más significativos de su carrera como radioaficionado.
Por eso, cuando habla de participar en una DXpedition internacional, Luis no duda en destacar el sentimiento de orgullo que implica representar a Argentina ante miles de operadores de todo el mundo. Más allá de los contactos, los resultados o las estadísticas, existe una satisfacción especial al llevar la bandera argentina al aire.
Respecto a las diferencias entre operar desde Argentina o hacerlo desde otro país, considera que desde el punto de vista operativo no existen grandes cambios. Lo verdaderamente importante es mantener siempre el mismo compromiso, la misma dedicación y la voluntad de dar lo mejor en cada expedición en la que participa.
Su llegada a CP7DX tiene una historia que comenzó hace aproximadamente tres años, cuando recibió la invitación de José Luis Murano, LU1FM. Desde ese momento pasó a formar parte de un proyecto que combina amistad, radio y trabajo en equipo.
Dentro de la expedición su rol es amplio y variado. Participa en el armado de antenas, opera en fonía y modos digitales, y colabora en todas aquellas tareas que sean necesarias. De hecho, destaca que una de las características del grupo es que todos ayudan en todo. No existen compartimentos estancos ni tareas exclusivas; cada integrante aporta donde hace falta.
Las expectativas para la operación son simples y claras: disfrutar junto a los amigos y hacer radio. Para Luis, esa sigue siendo la esencia de cualquier expedición exitosa.
Desde el punto de vista operativo, uno de los grandes desafíos consiste en lograr que todas las bandas y todos los modos estén disponibles y funcionando correctamente. Personalmente, sin embargo, tiene una preferencia indiscutida: la fonía. Es el modo que más disfruta y el que más satisfacción le genera.
Como ocurre en toda gran expedición, los desafíos técnicos aparecen constantemente. Siempre existe algún equipo que necesita un ajuste, una antena que requiere atención o algún detalle que debe resolverse sobre la marcha. Para Luis, esa capacidad de adaptación forma parte natural de la actividad.
Al referirse al CQ WPX, adopta una postura sencilla y humilde. Se considera simplemente un integrante más del equipo, alguien dispuesto a aportar desde su lugar para que el grupo alcance sus objetivos.
La preparación para tantas horas de actividad tampoco tiene demasiados secretos. Según explica, todo se resume en una combinación de pasión y gusto por la radio. Cuando la actividad realmente apasiona, las largas jornadas de operación dejan de ser un esfuerzo y se transforman en un placer.
En ese contexto, el trabajo en equipo ocupa un lugar central. Para Luis, es sin dudas el aspecto más importante de cualquier operación internacional. Ningún resultado se consigue individualmente; detrás de cada estación exitosa existe siempre un grupo comprometido trabajando en conjunto.
La coordinación entre operadores tampoco representa una dificultad cuando existe experiencia. Cada integrante conoce perfectamente sus fortalezas y responsabilidades, por lo que la distribución de bandas y modos se realiza de manera natural y eficiente.
En cuanto a la cantidad de contactos, la meta es sencilla: realizar la mayor cantidad posible. Más allá de los números finales, lo importante será aprovechar cada oportunidad para poner a CP7DX en el aire y llegar a la mayor cantidad de estaciones alrededor del mundo.
Mirando hacia adelante, Luis se muestra optimista respecto al futuro del DX. Está convencido de que se trata de una actividad que perdurará en el tiempo porque forma parte de la esencia misma de la radioafición.
Y si hay una sensación capaz de resumir lo que significa operar una estación DX, aparece cuando escucha un pile-up llamando a su indicativo. La respuesta surge inmediatamente y acompañada de una sonrisa: adrenalina pura.
Representar a Argentina en una expedición internacional sigue siendo para él una fuente de orgullo y una responsabilidad que asume con entusiasmo cada vez que tiene la oportunidad de hacerlo.
Finalmente, cuando piensa en quienes están comenzando a recorrer este camino, deja un consejo tan sincero como provocador. Recomienda descubrir la magia de la fonía, el contacto humano directo y la emoción de escuchar voces llegando desde lugares remotos del planeta. Porque, más allá de las tecnologías y los nuevos modos digitales, sigue convencido de que la esencia de la radioafición se encuentra en la comunicación entre personas.
Después de más de treinta y seis años de actividad, Luis Fabián Méliga continúa demostrando que la radioafición es mucho más que un hobby. Es una forma de vida, una pasión que une tecnología, amistad, desafíos y el permanente deseo de llegar cada vez más lejos a través de las ondas de radio.
Martín José Saiz, LU3VED: la pasión por el CW, la amistad y una nueva aventura
llamada CP7DX
Cuando Martín José Saiz habla de radioafición, lo hace desde la experiencia de quien lleva décadas descubriendo que este hobby siempre tiene algo nuevo para ofrecer. A sus 70 años, ingeniero civil radicado en General Roca, Río Negro, sigue viviendo la radio con el mismo entusiasmo.
Su acercamiento a la radioafición no tuvo un momento puntual ni una historia convencional. Fue un proceso que creció con el tiempo y que estuvo marcado por una experiencia profundamente personal. Tenía apenas 15 años cuando una enfermedad terminal de su madre lo puso en contacto con el mundo de las comunicaciones. En aquellos tiempos, las novedades diarias sobre su estado de salud en Buenos Aires llegaban gracias a radioaficionados que se comunicaban en AM utilizando equipos construidos por ellos mismos. Sin saberlo, aquel adolescente comenzaba a descubrir un universo que terminaría acompañándolo toda la vida.
Hoy calcula que lleva alrededor de treinta años como radioaficionado. Y aunque el tiempo ha pasado, su indicativo, LU3VED, se ha transformado prácticamente en un segundo nombre dentro de la comunidad.
Entre las personas que marcaron su camino destaca especialmente a su amigo Alex, LU8VCC, y Sergio, LU7YS. Con humor y cariño los define como “dos locos” que terminaron llevándolo definitivamente hacia este apasionante mundo.
Los primeros años en el DX no fueron sencillos. Como operador novicio, realizar contactos de larga distancia en fonía resultaba extremadamente difícil. Fue entonces cuando descubrió la telegrafía y encontró en el CW la herramienta que le abriría las puertas a un mundo completamente nuevo. A partir de ese momento comenzaron a multiplicarse los contactos DX, algunos de ellos especialmente memorables.
Recuerda con una sonrisa aquellas ocasiones en las que estaciones DX llamaban exclusivamente en fonía y él lograba trabajarles utilizando CW. Mientras enviaba un reporte 59, recibía un impecable 599 desde el otro lado del mundo. “Sin palabras”, resume todavía hoy.
Su interés por el DX nació precisamente de ese desafío. La dificultad de lograr cada contacto fue el combustible que alimentó una pasión que continúa intacta hasta el presente.
Cuando se le pregunta por el concurso o expedición que más lo marcó, evita elegir uno solo. Para él, cada experiencia dejó una enseñanza. Desde los concursos nacionales hasta las grandes competencias mundiales de 48 horas, todas ocuparon un lugar importante en su trayectoria. Sin embargo, destaca especialmente el papel que tuvo el NPDXG en la historia de los concursos argentinos. Aquellos años estuvieron marcados por desarrollos que dejaron huella, como los programas MJSconcu y otras herramientas informáticas de control que contribuyeron a modernizar la actividad competitiva en el país.
Participar en una DXpedition internacional representa para Martín mucho más que operar una estación desde otro lugar del mundo. Lo considera una experiencia extraordinaria para aprender sobre antenas, equipos y técnicas operativas, pero sobre todo una oportunidad para compartir la radioafición con amigos.
A lo largo de su carrera acumuló numerosos contactos memorables, aunque algunos ocupan un lugar especial. Entre ellos menciona nuevamente aquellas ocasiones en las que respondía en CW a estaciones que estaban llamando en fonía. Eran situaciones poco comunes que le dejaban una enorme satisfacción operativa.
Operar desde otro país también representa una experiencia completamente diferente. No se trata solamente de transmitir desde una ubicación distinta. Implica largas horas de viaje, planificación, logística, organización y la posibilidad de conocer nuevas culturas. En el caso particular de CP7DX, además, se encontró con algo que sorprendió gratamente a todo el equipo: un entorno con prácticamente nula contaminación de ruido radioeléctrico y pile-ups realmente impresionantes.
La llegada de Martín a CP7DX tiene una historia tan divertida como sincera. Según cuenta entre risas, todo ocurrió “por culpa de Alex y Marina”, en referencia a LU8VCC y LU1VYL. Alex lo invitó luego de consultarlo con el grupo organizador, mientras que Marina le asignó una misión adicional: controlar que Alex tomara sus pastillas todas las mañanas. “Hay que cuidar al viejito”, comenta con humor.
Dentro de la expedición, su función es tan simple como previsible para quienes lo conocen: hacer CW. Nada más y nada menos.
Las expectativas para esta operación están centradas principalmente en disfrutar. Compartir tiempo con amigos y hacer radio es el objetivo principal. Si además CP7DX logra algún resultado destacado a nivel mundial, será simplemente la frutilla del postre y el reconocimiento al esfuerzo colectivo.
Su actividad estará enfocada fundamentalmente en CW. Operará la banda que se encuentre disponible cada vez que haya un lugar libre en la estación, sin presiones y disfrutando cada momento.
Entre los desafíos técnicos que plantea una operación de este tipo aparecen los clásicos de todo gran concurso: las pocas horas de sueño, las condiciones de propagación y el rendimiento de las antenas. Sin embargo, el CQ WPX agrega una dificultad especial. Trabajar estaciones a velocidades de 30 o 36 palabras por minuto implica no solo copiar distintivas con precisión, sino también recibir reportes y números de serie que pueden superar ampliamente los 3.000 contactos. Un verdadero desafío para cualquier operador.
Participar en el CQ WPX desde CP7DX representa para él una nueva experiencia radial y una oportunidad para fortalecer la amistad con nuevos compañeros de aventura.
La preparación para tantas horas de operación tiene una receta sencilla: práctica previa de CW, descanso adecuado y absolutamente nada de alcohol.
Al hablar del trabajo en equipo, Martín no duda. Considera que es el aspecto más importante de cualquier expedición o concurso. La clave está en dejar el ego de lado y convertirse en una pieza más del grupo, aportando lo mejor de cada uno para alcanzar objetivos comunes.
Desde su perspectiva, la coordinación dentro de CP7DX se dio de manera natural. La expedición fue concebida desde el principio como una experiencia para disfrutar la radio y compartir buenos momentos. Quizás por eso la distribución de operadores, modos y horarios fue surgiendo espontáneamente, sin tensiones ni imposiciones.
Respecto a la cantidad de contactos que esperan realizar, su visión vuelve a reflejar humildad. Como es su primera experiencia con este grupo, asegura que incluso un solo contacto ya sería un logro personal. Aunque inmediatamente reconoce que seguramente serán miles.
Mirando hacia el futuro, Martín cree que mientras existan radios y radioaficionados, el DX seguirá vivo. La tecnología podrá cambiar, pero la esencia de la actividad permanecerá intacta.
Esa esencia se refleja claramente cuando describe lo que sintió al escuchar un pileup llamando a CP7DX. La respuesta llega sin necesidad de pensarla demasiado: “¡Piel de gallina!”. Una emoción que todavía recuerda como algo impresionante.
Sobre lo que significa representar a Argentina en una expedición internacional, admite que aún no logra dimensionarlo completamente. Por ahora, prefiere quedarse con la gratitud hacia el grupo que le permitió vivir esta nueva experiencia.
Y para quienes están dando sus primeros pasos en la radioafición, deja una reflexión que resume toda una vida de aprendizaje. Ser radioaficionado no convierte a nadie en una persona especial ni superior. Es simplemente un hobby extraordinario, lleno de posibilidades para crecer, aprender tecnología, descubrir geografía, conocer idiomas y ampliar horizontes. Lo más importante es que siempre habrá algo nuevo por experimentar.
Después de décadas detrás de un manipulador, miles de contactos realizados y una pasión que sigue intacta, Martín José Saiz demuestra que la radioafición no es solamente comunicación. Es amistad, aprendizaje permanente y la certeza de que, en algún lugar del mundo, siempre habrá una nueva estación esperando ser descubierta.
Fernando Andrés Durando, LU6FOV: la pasión por el DX, el espíritu de equipo y el desafío permanente de llegar más lejos
Para Fernando Andrés Durando, LU6FOV, la radioafición es mucho más que un hobby. Es una actividad que combina tecnología, amistad, aventura y emociones difíciles de explicar para quienes nunca experimentaron la satisfacción de escuchar una señal lejana responder a un llamado propio.
A sus 60 años, jubilado y radicado en la ciudad de Rafaela, provincia de Santa Fe, comparte la vida junto a Elena, su compañera desde hace cuarenta años. Juntos formaron una familia integrada por dos hijos y tres nietos, quienes acompañan de distintas maneras una pasión que ha ocupado una parte importante de su vida durante más de dos décadas.
Su interés por la radio nació mucho antes de obtener una licencia. Desde pequeño sintió una fuerte atracción por la electrónica, una pasión heredada de su padre, técnico electrónico. Esa curiosidad lo llevó a estudiar sobre equipos, circuitos y comunicaciones, pero también a descubrir el fascinante mundo de la escucha de DX en bandas de onda larga y onda media. Mucho antes de transmitir, ya soñaba con las señales que llegaban desde lugares lejanos.
La licencia llegó en 1997. Desde entonces acumula 27 años como radioaficionado, un camino que lo llevó a explorar distintas facetas de la actividad y a convertirse en un operador experimentado tanto en concursos como en expediciones internacionales.
Para Fernando, LU6FOV representa mucho más que una combinación de letras y números. Es su identidad dentro del mundo de la radioafición, una señal que lo identifica ante colegas de todo el planeta.
Cuando recuerda a quienes marcaron sus primeros pasos, menciona especialmente a Oscar Costamagna, conocido por los indicativos LU4FCZ y LU1FF. Fue él quien lo introdujo en el apasionante mundo del DX y los concursos. Actualmente Oscar se encuentra en España y su indicativo es EA7CVF, con quien continúa compartiendo experiencias y aprendizaje.
Uno de sus primeros recuerdos importantes dentro del DX ocurrió cuando logró contactar una estación de Japón. Lo que más lo sorprendió no fue solamente la distancia, sino que aquel operador conocía en detalle la región donde él vivía. Descubrir cómo una persona ubicada al otro lado del mundo podía saber tanto sobre su ciudad fue una experiencia que lo impactó profundamente.
La fascinación por el DX había comenzado incluso antes de ser radioaficionado. Durante sus años de escucha seguía estaciones internacionales de radiodifusión que enviaban saludos a oyentes de distintos países, incluidos radioescuchas argentinos. Aquellas voces lejanas despertaron una pregunta que cambiaría su vida: ¿sería posible algún día hablar directamente con personas de cualquier parte del mundo? La respuesta llegó con la radioafición.
Entre todas las experiencias vividas, hay una que ocupa un lugar especial en su memoria: la expedición a la Isla San Andrés, operando con el indicativo 5K0T en 2017. Fue su primera gran DXpedition y una experiencia que, según recuerda, le permitió descubrir un mundo completamente nuevo dentro de la radioafición.
Participar en una expedición internacional es para Fernando una experiencia emocionante desde el primer momento. La planificación previa, la logística, la preparación técnica, el viaje, la operación y el regreso forman parte de una aventura única. Pero también existe una responsabilidad especial: representar a Argentina ante miles de operadores de todo el mundo.
Entre los contactos más memorables de su trayectoria destaca uno ocurrido en 2018. En la banda de 10 metros logró comunicarse con un soldado argentino integrante de los Cascos Azules destacados en Chipre. Durante el contacto, el militar le pidió que transmitiera un mensaje a sus familiares, quienes vivían cerca de Rafaela y llevaban tiempo sin noticias suyas. Aquella experiencia trascendió ampliamente el aspecto técnico y se convirtió en uno de los momentos más significativos de su vida como radioaficionado.
Operar desde otro país también tiene un significado especial. Más allá de los aspectos técnicos, Fernando disfruta particularmente de escuchar a colegas argentinos llamando a la estación DX y tener la posibilidad de ofrecerles ese contacto tan buscado. Ver la alegría de otros operadores forma parte de la satisfacción de estar del otro lado del pile-up.
Su incorporación a CP7DX llegó de la mano de José Luis Murano, LU1FM, líder del Yaguareté DX Group. Cuando surgió la idea de activar Bolivia, Fernando no dudó en sumarse al proyecto. Desde entonces forma parte de un grupo que comparte la misma pasión por las expediciones y el trabajo en equipo.
Dentro de CP7DX, como ocurre con la mayoría de los integrantes, desempeña múltiples funciones. Además de colaborar en el armado y puesta en marcha de las estaciones, estará operando en las bandas y modos que el equipo considere necesarios según las condiciones de propagación y las necesidades operativas del momento.
Las expectativas para esta nueva activación son excelentes. Después de varios años operando desde Bolivia, el grupo conoce las ventajas de la ubicación: bajos niveles de ruido radioeléctrico y muy buenas condiciones de propagación que permiten alcanzar excelentes resultados.
En cuanto a los modos de operación, Fernando espera dedicar una parte importante de su actividad a la fonía. Sin embargo, reconoce que la realidad actual muestra un crecimiento constante de los modos digitales. Por esa razón considera que buena parte de los contactos probablemente se realizarán en FT8, aunque también espera tener oportunidades para operar en RTTY y SSTV si las condiciones lo permiten.
Desde el punto de vista técnico, uno de los grandes desafíos será optimizar aún más la instalación respecto a años anteriores. Pero sin dudas, la operación EME mediante rebote lunar aparece como uno de los proyectos más ambiciosos y desafiantes para todo el equipo.
Aunque no participará directamente del CQ WPX como competidor, su rol durante el concurso será igualmente importante. Mientras otros operadores se concentran en la competencia, él brindará apoyo logístico y mantendrá activa la estación CP7DX en aquellas bandas que no estén involucradas en el concurso.
La preparación para una actividad tan intensa requiere descanso, concentración y planificación. Dos semanas de operación continua demandan mantener la energía y la atención en niveles muy altos para aprovechar al máximo cada apertura de propagación.
Al hablar del trabajo en equipo, Fernando es categórico: resulta absolutamente fundamental. Una expedición o un concurso internacional solo pueden funcionar correctamente cuando cada integrante conoce su rol y trabaja coordinadamente con el resto del grupo.
La organización comienza mucho antes de llegar al destino. Los roles y responsabilidades se planifican anticipadamente, aunque luego deben adaptarse a las condiciones reales de operación. La flexibilidad y la capacidad de respuesta son tan importantes como la planificación inicial.
Respecto a la cantidad de contactos, evita establecer números concretos. La propagación, las condiciones atmosféricas y muchos otros factores influyen directamente en el resultado final. Sin embargo, existe un objetivo permanente: superar lo realizado en la edición anterior.
Al analizar el presente y el futuro del DX, observa una realidad marcada por el crecimiento de los modos digitales. Actualmente resulta más sencillo concretar determinados contactos en FT8 que en fonía, algo que se refleja claramente en la cantidad de estaciones activas en cada modo. Sin embargo, considera que ambos mundos pueden convivir y seguir enriqueciendo la actividad.
Como todo operador de expediciones, Fernando reconoce que los pile-ups representan uno de los momentos más emocionantes de la actividad. Escuchar decenas o cientos de estaciones llamando simultáneamente genera una mezcla de entusiasmo, adrenalina y satisfacción difícil de describir.
Representar a Argentina en una expedición internacional es para él una combinación de orgullo y responsabilidad. Ser convocado para una actividad de estas características constituye un reconocimiento importante, pero también implica el compromiso de mostrar al mundo el nivel técnico y operativo de la radioafición argentina.
A quienes recién comienzan en este apasionante camino les recomienda escuchar y aprender de quienes tienen años de experiencia. Considera que el conocimiento acumulado por generaciones de radioaficionados constituye una herramienta invaluable para crecer y desarrollarse dentro de la actividad.
Después de casi tres décadas frente a una estación de radio, Fernando Andrés Durando, habiendo superado los 300 radio países en la ARRL sigue encontrando en cada contacto, cada expedición y cada desafío técnico una nueva motivación para continuar explorando el mundo a través de las ondas. Porque para quienes llevan el DX en la sangre, siempre existe una señal más lejana esperando ser escuchada.
René Giorda, LU7HN – LT6T (SAKUMITO): el apasionado del CW que encontró en el DX la emoción de toda una vida
Para René Giorda, LU7HN, la radioafición nunca fue simplemente un pasatiempo. Desde el primer momento en que descubrió el mundo del DX, comprendió que detrás de cada señal existía una historia, un desafío y una oportunidad de llegar más lejos. Hoy, a sus 70 años, continúa viviendo esa pasión con la misma intensidad que lo acompañó durante más de tres décadas frente a una estación de radio.
Técnico electromecánico de profesión, René vive en la ciudad de San Francisco, provincia de Córdoba. Está casado, es padre de tres hijos y orgulloso abuelo de seis nietos. Su vida siempre estuvo ligada a la técnica, a los desafíos y a la búsqueda constante de nuevos conocimientos, características que encontró naturalmente reflejadas en la radioafición.
Obtuvo su licencia en 1993 y desde entonces LU7HN se transformó en mucho más que un indicativo. Para él es su documento de identidad dentro de la radio, una identificación que lo acompaña cada vez que toma un manipulador, escucha una señal distante o participa en una expedición internacional.
Como muchos radioaficionados de su generación, reconoce la importancia que tuvieron quienes marcaron sus primeros pasos. Entre sus principales referentes recuerda especialmente a LU5HN y LU3HBO, ambos ya fallecidos, operadores que dejaron una profunda huella en su formación y en su manera de entender la actividad.
Su historia dentro del DX está llena de recuerdos especiales, pero algunos permanecen grabados con una intensidad particular. El primero fue un contacto con una estación francesa, uno de esos comunicados que para cualquier operador representa el comienzo de una larga aventura. Sin embargo, hubo otro contacto que superó cualquier expectativa.
René recuerda con claridad la emoción de haber trabajado una estación identificada como 5A9 Abubaky, desde Libia. En aquella época la radioafición se encontraba restringida en ese país y muchos colegas dudaban de la autenticidad del contacto. Sin embargo, la conversación fue tan real como inolvidable. Entre los temas que compartieron apareció nada menos que Diego Armando Maradona, una figura capaz de unir culturas y generar conversación incluso entre operadores separados por miles de kilómetros.
Desde aquellos primeros años, el DX se convirtió en una verdadera pasión. La posibilidad de comunicarse con lugares remotos, superar obstáculos de propagación y conquistar nuevas entidades fue alimentando un entusiasmo que continúa intacto hasta la actualidad.
Cuando se le pregunta por la expedición que más lo marcó, la respuesta surge inmediatamente: la legendaria operación desde Peter I Island, identificada como 3Y0. Como muchos radioaficionados, siguió aquella expedición con admiración, considerándola uno de los grandes hitos de la historia moderna del DX.
Para René, participar en una expedición internacional representa uno de los niveles más altos que puede alcanzar un radioaficionado. Lo define como "el postre de la radio", una expresión sencilla pero cargada de significado. Sin embargo, aclara que existe algo incluso más importante que los contactos o los resultados obtenidos: la convivencia y la amistad que se construyen dentro del grupo humano que comparte la experiencia.
A lo largo de los años acumuló numerosos contactos difíciles, aunque uno de ellos ocupa un lugar especial. Se trata de P5, una de las entidades más buscadas del mundo por los radioaficionados. Conseguir ese contacto demandó horas y horas de escucha, paciencia y perseverancia, convirtiéndose en uno de los logros más importantes de su trayectoria.
Su participación en CP7DX nació a partir de la iniciativa de José Luis Murano, LU1FM, creador del Yaguareté DX Group. Cuando surgió la idea de operar desde Bolivia, René se sumó al proyecto convencido de que sería una experiencia inolvidable. Esta es su segunda operación desde ese país y, además, la primera vez que tendrá la oportunidad de participar en el CQ WPX CW desde territorio boliviano.
La experiencia representa un desafío especial. No solamente por la operación en sí misma, sino también por la exigencia técnica que implica poner en marcha una estación de estas características. Antenas, equipos, amplificadores y sistemas auxiliares deben funcionar en perfecta armonía para garantizar el éxito de la expedición.
Si hay un aspecto que particularmente disfruta, son los pile-ups. Escuchar decenas de estaciones llamando simultáneamente a CP7DX desde distintos rincones del mundo es una sensación difícil de describir. Para René, esos momentos representan uno de los mayores desafíos operativos de la radioafición y exigen concentración, experiencia y rapidez para atender correctamente a cada estación.
No sorprende entonces que el CW ocupe un lugar central dentro de su actividad. La telegrafía es el modo que más practica y en el que se siente más cómodo. Allí encuentra una combinación perfecta entre habilidad operativa, técnica y emoción, elementos que han definido buena parte de su trayectoria como radioaficionado.
Participar en una operación internacional como CP7DX significa también representar a Argentina frente a la comunidad mundial del DX. Una responsabilidad que asume con orgullo y compromiso, consciente de que cada contacto realizado refleja no solo el trabajo individual de un operador, sino el esfuerzo colectivo de todo un equipo.
Después de más de treinta años en la actividad, René Giorda continúa demostrando que la esencia de la radioafición permanece intacta. La tecnología evoluciona, los equipos cambian y aparecen nuevos modos de comunicación, pero la emoción de escuchar una señal lejana responder al llamado propio sigue siendo exactamente la misma.
Y es precisamente esa emoción, la que se siente cuando un pile-up se forma al otro lado de la frecuencia o cuando una entidad difícil finalmente responde, la que mantiene viva una pasión que lo acompaña desde hace más de tres décadas y que todavía hoy lo impulsa a seguir buscando nuevos horizontes en el mundo del DX.
Alex Rocca, LU8VCC: la pasión por el CW, el DX y las Expediciones
Para quienes conocen la radioafición argentina, el indicativo LU8VCC es mucho
más que una señal distintiva. Detrás de esas letras está Alex Rocca, un operador
apasionado, referente del CW y protagonista de innumerables concursos,
expediciones y proyectos que han dejado huella dentro y fuera del país.
A sus 60 años, técnico de profesión y próximo a la jubilación, Alex encuentra en la radioafición una extensión natural de su propia historia familiar. Comparte la vida junto a Marina, a quien define como su compañera absoluta en todos los aspectos de la vida, y disfruta de una familia compuesta por seis hijos ya independientes y dos nietos que ocupan un lugar especial en su corazón.
Su relación con la radio comenzó mucho antes de obtener una licencia. A los 14 años escuchó que un grupo de Scouts de una parroquia cercana recibiría clases de código Morse. Aunque no pertenecía al movimiento scout, decidió anotarse igual. Aquella experiencia fue emocionante y marcó el comienzo de un camino que ya
parecía escrito desde antes de nacer. Su padre era operador de radio de la policía y su abuelo, técnico reparador de radios y radioaficionado. La radio estaba presente en su vida desde la infancia.
La licencia llegó en 1985. Desde entonces han pasado cuatro décadas de actividad ininterrumpida, aprendizaje y crecimiento. Para Alex, LU8VCC es mucho más que un indicativo: es su identificación ante el mundo entero, una especie de documento de identidad radial que lo acompaña cada vez que toma un manipulador o un micrófono.
Entre las personas que más influyeron en su formación destaca especialmente a Horacio Osvaldo Pérez, LU3VAA, ya fallecido. Su figura fue fundamental durante los primeros años, aunque reconoce que con el paso del tiempo fueron apareciendo otros referentes que terminaron convirtiéndose en grandes amigos.
Su primer gran DX todavía permanece intacto en la memoria. Ocurrió durante un verano, cuando acababa de instalar un sencillo dipolo para 10 metros apenas unos metros por encima de un parral de uvas que daba sombra a la entrada del pequeño departamento donde vivía. Aquella antena modesta le permitió contactar una estación de Japón. Fue uno de esos momentos que cualquier radioaficionado recuerda toda la vida.
La pasión por el DX nació prácticamente al mismo tiempo. Pasaba horas en la estación de Horacio escuchando las famosas redes DX de la época a través de un Icom 730 y una antena Palombo. Allí descubrió un universo que terminaría convirtiéndose en una de sus mayores pasiones.
Entre todas las experiencias vividas, una expedición ocupa un lugar especial: XR5M, desde Isla Mocha, en Chile. En cuanto a concursos, recuerda especialmente un CQ World Wide CW operado desde LT1F junto a un grupo excepcional de radioaficionados argentinos. La combinación de una gran estación, excelentes operadores y el desafío competitivo dejó recuerdos imborrables.
Participar en una DXpedition internacional representa para Alex mucho más que hacer radio. Lo considera un desafío permanente. Cada expedición obliga a trabajar con personas diferentes, adaptarse a nuevas dinámicas y operar con instalaciones que, si bien deben funcionar de manera impecable, están condicionadas por una realidad inevitable: todo debe ser transportable, montable y desmontable. Las expediciones no cuentan con las antenas ideales ni con las comodidades de una estación permanente; funcionan gracias al ingenio, la experiencia y el trabajo colectivo.
Entre todos los contactos realizados a lo largo de los años, hay uno que sobresale por encima de cualquier otro. Fue cuando logró comunicar a dos soldados argentinos destacados en Chipre como parte de las fuerzas de paz. En medio de una situación compleja y bajo condiciones extremadamente delicadas, aquellos militares pudieron hablar con sus familiares en Santa Fe gracias a la colaboración de varios radioaficionados argentinos. Para Alex, ese contacto representa una de las experiencias humanas más significativas que la radio le ha regalado.
Operar desde otro país también genera sensaciones diferentes. Más allá del cambio de indicativo, reconoce que existe una adrenalina especial. Se trata de representar a un equipo, a una comunidad y a un país, sabiendo que todo debe salir bien.
Su incorporación a CP7DX comenzó cuando José Luis Murano, LU1FM, le propuso sumarse al proyecto. En aquel momento, diversas obligaciones personales hicieron imposible participar. Sin embargo, prometió que estaría presente en la siguiente edición. Hoy, esa promesa se convirtió en realidad.
Dentro de CP7DX, Alex tendrá un papel muy activo. Participará en la operación de todas las bandas y modos, aunque su principal especialidad seguirá siendo el CW. Además, durante la expedición formará parte del equipo que competirá en una de las pruebas más prestigiosas del calendario mundial: el CQ WPX CW.
Las expectativas para la operación son claras. Compartir varios días con amigos, disfrutar intensamente de la radio y trabajar para posicionar a CP7DX entre las mejores expediciones de Sudamérica.
Sus preferencias operativas apuntan especialmente hacia las bandas bajas y el CW. También tiene un interés particular por las bandas WARC, especialmente 12 y 30 metros, donde espera desarrollar buena parte de su actividad.
Desde el punto de vista técnico, uno de los desafíos más importantes será controlar la interacción entre antenas, equipos y amplificadores. En una operación multioperador, una falla de este tipo puede provocar daños importantes, por lo que la coordinación y el cuidado técnico son fundamentales.
Respecto al CQ WPX, reconoce que será un desafío apasionante. La estación de CP7DX funciona muy bien y cuenta con todos los elementos necesarios para competir, aunque no fue concebida específicamente como una estación de concurso. Precisamente allí radica parte del atractivo: obtener el mejor resultado posible aprovechando al máximo los recursos disponibles.
La preparación para tantas horas de actividad requiere disciplina. Alex procura descansar en distintos momentos del día para evitar acumular fatiga, especialmente considerando que Tarija se encuentra a más de 2.000 metros sobre el nivel del mar. La estrategia consiste en distribuir inteligentemente las horas de propagación entre todos los operadores para mantener un rendimiento constante durante toda la competencia.
Si hay un aspecto que considera absolutamente indispensable, es el trabajo en equipo. Lo define como fundamental para cualquier operación exitosa. Ningún operador, por más experimentado que sea, puede lograr grandes resultados sin el respaldo de un grupo comprometido.
La coordinación entre los nueve integrantes de CP7DX se basa precisamente en esa filosofía. Cada operador aporta una estación completa y posee fortalezas particulares en diferentes modos de operación. Algunos se destacan en fonía, otros en CW, otros en modos digitales o en aspectos técnicos. La distribución de horarios y bandas busca aprovechar al máximo esas capacidades individuales en beneficio del conjunto.
Respecto a los objetivos, la respuesta es simple: realizar la mayor cantidad de contactos posibles y alcanzar los DX más importantes que permitan las condiciones de propagación.
Mirando hacia el futuro, Alex observa una radioafición cada vez más tecnológica, aunque lejos de considerarlo una amenaza. Por el contrario, cree que la actividad sigue siendo plenamente accesible para quienes tienen pasión y ganas de aprender.
Cuando escucha un pile-up llamando a su estación, la emoción inicial rápidamente da paso a un profundo sentido de responsabilidad. Su objetivo no es solamente hacer contactos, sino hacerlo de manera eficiente, rápida y ordenada. Quiere que quienes trabajen a CP7DX recuerden la expedición por la calidad de sus operadores y por el respeto demostrado hacia cada estación que llama.
Representar a Argentina en una expedición internacional es un motivo de enorme orgullo. Compartir días de operación junto a referentes nacionales e internacionales de distintos modos de comunicación ya resulta una experiencia extraordinaria. Pero hacerlo en otro país, con la bandera argentina y la del GACW acompañando cada transmisión, tiene para él un significado todavía más profundo.
Finalmente, cuando piensa en quienes están dando sus primeros pasos en la radioafición, evita hablar de consejos. Prefiere expresar deseos. Desea que nunca pierdan la curiosidad, la capacidad de investigar y las ganas de experimentar. Que se animen a construir parte de sus propias estaciones, aunque sean proyectos sencillos. Que estudien, que salgan al aire en el modo que más les guste, que respeten las normas y que disfruten intensamente de cada momento.
Porque después de cuarenta años de radioafición, Alex Rocca sigue convencido de que la esencia de este hobby no está solamente en los equipos o las antenas. Está en la pasión por aprender, en la amistad que se construye a través de las ondas y en la emoción permanente de descubrir que siempre hay algo nuevo por explorar.
Daniel Traid, LU9FHF: cincuenta años de radio, amistades y la pasión intacta
por el DX
Hablar con Daniel Traid, LU9FHF, es recorrer buena parte de la historia de la radioafición argentina. A sus 76 años, este asesor de seguros jubilado, vecino de Santo Tomé, en la provincia de Santa Fe, continúa viviendo la radio con el mismo entusiasmo que lo atrapó siendo apenas un adolescente. Viudo y padre de cuatro hijos, encuentra en la radioafición una pasión que lo acompaña desde hace más de medio siglo y que sigue generándole nuevas amistades, desafíos y aventuras.
Su historia comenzó en la década de 1960, mucho antes de obtener su licencia. En su casa había un viejo combinado que permitía escuchar una pequeña porción de la banda de 40 metros. Allí descubrió por primera vez un mundo desconocido y fascinante. Todavía recuerda la emoción de escuchar una estación de Chañar Ladeado, en la provincia de Santa Fe. Fue un momento simple, pero suficiente para despertar una curiosidad que nunca volvería a apagarse.
A partir de entonces, la radio pasó a ocupar un lugar importante en su vida. Obtuvo su licencia en 1976, por lo que este año cumple nada menos que cincuenta años como radioaficionado. Hubo un período en el que las responsabilidades laborales y familiares lo obligaron a alejarse de la actividad. Mantener varios trabajos, junto con la crianza de cuatro hijos, dejaba poco espacio para disfrutar de la radio como él quería hacerlo.
Sin embargo, el regreso llegó en 2008 y fue con más entusiasmo que nunca. Daniel reconoce que una persona fue fundamental para volver a encender esa llama: José Luis Murano, LU1FM. Amigos desde los primeros años en la radio, la relación trascendió largamente la actividad y se transformó en una amistad duradera que aún hoy los encuentra compartiendo proyectos, concursos y expediciones.
Cuando recuerda a quienes marcaron sus primeros pasos, menciona especialmente a Rodolfo, LU4FBH. Fue en su casa, alrededor de 1975, donde vio por primera vez una estación de radioaficionado que lo dejó completamente impresionado. Aquella instalación representaba todo lo que soñaba alcanzar algún día.
Sus primeros contactos DX llegaron en la banda de 20 metros utilizando un simple dipolo instalado apenas a seis metros de altura y un Yaesu FT-7B. Con pocos vatios y mucha paciencia, logró algo que para la época parecía extraordinario: comunicarse en varias oportunidades con estaciones de la entonces Unión Soviética. Aquellos contactos marcaron el inicio de una búsqueda permanente por mejorar su estación, aunque reconoce que en esos años no siempre era sencillo disponer de los recursos necesarios.
La inquietud técnica lo llevó además a explorar otras facetas de la radio. Entre ellas, la SSTV, primero utilizando una Ham Vision y posteriormente un Robot 400, equipos que le permitieron experimentar con la transmisión de imágenes mucho antes de que la tecnología digital se volviera cotidiana.
Para Daniel, participar en una DXpedition significa mucho más que sumar contactos o entidades nuevas. Es una oportunidad para conocer personas, compartir experiencias y construir amistades. En ese sentido, las expediciones recientes le han dejado recuerdos imborrables.
Con el humor que lo caracteriza, asegura que convivir con Alex, LU8VCC, durante varios días le permitió comprobar que es todavía más insoportable de lo que imaginaba, aunque inmediatamente aclara que lo dice desde el afecto y la amistad.
Gracias a esa experiencia también tuvo la oportunidad de conocer mejor a Martín Saiz, LU3VED, a quien describe como una excelente persona y alguien que pasó a integrar su selecta lista de amigos.
Entre los concursos que más recuerda aparece el primero en el que participó: el CQM de 1986, coincidentemente el mismo fin de semana en que el famoso cometa Halley podía observarse desde la región. También destaca su participación en diversos WAE, muchos de ellos compartidos junto a su hijo, LU7FJD, experiencias familiares que ocupan un lugar especial en su memoria.
Su historial de expediciones incluye varias visitas a la Isla San Andrés, operando como 5J0DX, y las recientes actividades desde Bolivia bajo el indicativo CP7DX. A diferencia de otros operadores, Daniel no identifica un único contacto como el más memorable de su carrera. Para él, cualquier QSO que requiera esfuerzo, perseverancia y dedicación para concretarse merece ser recordado. El valor está en el desafío, no necesariamente en la entidad trabajada.
Dentro de las DXpeditions actuales, su actividad suele concentrarse principalmente en fonía. Reconoce que operar varias estaciones simultáneamente puede generar algunas complicaciones técnicas o interferencias entre operadores, pero destaca el compromiso de todos por minimizar esos inconvenientes y garantizar el mejor rendimiento posible.
Si tuviera que elegir una banda favorita, no duda: 17 metros ocupa un lugar especial entre sus preferencias. Por eso, durante la expedición intentará concentrar allí buena parte de su actividad, realizando todos los contactos que las condiciones permitan.
Respecto al CQ WPX, observa con tranquilidad y admiración el trabajo de quienes estarán liderando la actividad competitiva. Considera que CP7DX cuenta con tres operadores de primer nivel para el concurso: Alex, LU8VCC; Martín, LU3VED; y Hugo, LU7HN. Más allá de los resultados, destaca que todos comparten una misma filosofía: disfrutar la experiencia sin presiones innecesarias.
Daniel también dedica un reconocimiento especial a Juan, LU1HF, y a Sergio, responsables de los proyectos EME en 144 y 432 MHz. Aunque admite que ellos pueden explicar mucho mejor los detalles técnicos, no oculta su admiración por el trabajo realizado y por los desafíos que implica operar mediante rebote lunar.
Representar a Argentina en una expedición internacional es, para él, una forma de aportar un pequeño granito de arena para mantener viva la actividad, mostrando al mundo estaciones bien equipadas, operadores experimentados y el nivel técnico que existe dentro de la radioafición argentina.
Después de tantos años de experiencia, su consejo para quienes recién comienzan sigue siendo simple y profundamente valioso: nunca dejar de explorar. La radioafición ofrece una cantidad enorme de posibilidades y caminos para recorrer.
Algunos se sienten atraídos por el DX, otros por los concursos, la experimentación técnica, los modos digitales, la construcción de equipos o las comunicaciones de emergencia. Lo importante es seguir buscando, porque tarde o temprano cada persona encontrará ese aspecto de la radio que terminará atrapándola para siempre.
A cincuenta años de haber obtenido su licencia, Daniel Traid continúa demostrando que la esencia de la radioafición permanece intacta. La tecnología cambia, las estaciones evolucionan y aparecen nuevas formas de comunicarse, pero la emoción de escuchar una señal lejana, compartir una expedición con amigos o descubrir algo nuevo sigue siendo exactamente la misma que sintió aquella tarde de los años sesenta cuando escuchó por primera vez una estación en 40 metros y decidió, sin saberlo, comenzar una aventura para toda la vida.


