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Según Felipe Pigna "La historia de un país es su identidad. Es todo lo que nos pasó como sociedad desde que nacimos hasta el presente, y allí están registrados nuestros éxitos y nuestros fracasos, nuestras alegrías y tristezas y nuestras glorias y miserias. Como en un gran álbum, allí nos enorgullecemos y nos avergonzamos de nuestro pasado, pero nunca dejamos de tener en claro que se trata de nosotros". Esto también se aplica al R.C.A., porque dicen que "la historia se repite", aunque creo que más bien se trata de la misma historia protagonizada por distintos personajes y en situaciones parecidas.
Tanto los acontecimientos de mayo como los de la historia de nuestra Entidad obedecen a las circunstancias y al contexto. En ambos casos es el comienzo de un "ellos" y "nosotros" que no ha terminado ni terminará sino transitando el camino del consenso y del respeto por las diferencias.
Acaso como justificación de toda una trayectoria, la mayoría de nosotros volvemos la vista atrás alguna vez para contemplar los hitos que dejamos en el camino, en prueba de que los hombres y las mujeres pasan, pero sus obras permanecen. Y es en el relieve y la calidad de esas obras en lo que deberá basarse el juicio de la posteridad. Se dice que entre las diversas vías de perpetuar la memoria de nuestro paso está la de escribir un libro, que es una espléndida forma de dejar un testimonio de nuestra presencia. Y quien dice libro dice dejar grabada la historia de las instituciones.
En ocasiones resulta adecuado plantearse preguntas de una cierta trascendencia, como por ejemplo la subjetividad de la percepción del transcurso del tiempo, sujeta a circunstancias a menudo incontrolables para el individuo. Por ejemplo: los primeros veinte años de vida del ser humano transcurren con una exasperante lentitud, en cambio ya en la madurez, nos sorprende siempre la brevedad de los meses, reflejada cada vez más en el continuo cambio de las hojas del almanaque. Y esto es aplicable también a la vida del RCA.
Desde mayo de 1810 hemos sido un país de Saavedristas o Morenistas, de unitarios o federales, de justicialistas o radicales y, en nuestro caso, de Radio Club Argentino o FARA o Consejo Nacional de Radio Clubes o UARC, y así hemos caminado todos mirándonos de costado, susceptibles a cualquier acción que sin considerar su valor hemos rechazado, los unos y los otros, por el motivo que fuera.
Así llegamos al Bicentenario de Mayo y a los 89 años del RCA con una asignatura pendiente, la de no haber sido capaces de construir y perdurar instancias de encuentro que, superadoras de todo lo conocido, probado y fracasado, hayan logrado reunirnos y contenernos a todos. ¡Así nos ha ido, como país y como comunidad de iguales intereses!
Creo que el 2010 es una buena oportunidad para dejar de mirar al costado para empezar a mirar, juntos, hacia delante, con un claro entendimiento que las opciones se están terminando, que parafraseando a un viejo líder el Bicentenario nos encontrará unidos o... en nuestro caso, extintos.
Planteémonos objetivos claros y posibles para el futuro inmediato, metas que, aún con modestia, seamos capaces de alcanzar, para que no nos pase lo que a Thales de Mileto, uno de los siete sabios de Grecia (¡pavada de tipo!), que por caminar mirando a las estrellas se cayó en un pozo.
Estimados colegas, el mundo ideal no existe.
Por eso existe la radioafición.
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